martes, 30 de marzo de 2010

La condición humana

Son repulsivas las palabras que va dejando mi pluma a su paso. Un líquido viscoso sube y quema mi garganta. El aullido de un perro choca con las paredes de mí ser. Este suplicio es eterno. Como si cobraran venganza, las letras se arrastran, se prolongan. Me escupen en la cara.

-¿Por qué lass cosaasss nnooo son éeetiiiiccaaaass…?

El suplicio es eterno. Pero no puedo detenerme; mi mano, desobedeciendo mis instrucciones, continúa dejando asquerosas palabras huecas.

El cielo está cubierto por grises nubes inflamadas, como sanguijuelas, por el asco que corre en mis venas. Descienden velozmente furiosos relámpagos argentinos gritando palabras que no puedo entender. Este suplicio es eterno. Las palabras siguen supurando desde mi interior, o al menos eso parece. Se hace sentir la presencia de la casa. Suspira, gime, grita. Los muebles comienzan a elevarse, danzando caprichosamente sobre mi cabeza. Y mi pluma continúa vomitando palabras vomitivas. Un relámpago cae con brío. Me roba la vista. Instantáneamente truena con tal vigor que me produce un fuerte espasmo. La piel que cubre mi espalda se encoge. Los músculos tensos. Los oídos llorando, retorciéndose. Los ojos bien cerrados.

Abro los ojos. Mi pluma está cubierta por su tapa y el papel sigue en blanco. Inmaculado. Todo ha sido una funesta pesadilla.

No hay comentarios:

Publicar un comentario