Son las 3:15am y yo sigo aquí, sentado, frente a la vieja máquina de escrbir, sin poder pegar los parpados. ¡Tic! ¡Toc! ¡Tic! ¡Toc! Las horas siguen corriendo y los pensamientos divagando: entre asesinatos, pornografía, heroína, Burroughs...qué mas da. Todo me recuerda a aquella película de Jean-Luc Godard.
El reloj marca las 4:46, la quinta taza de café se desliza caliente por mi garganta, cae en mi estómago, activa mi cuerpo. ¿Activa mi cuerpo? ¿Pero qué demonios pretendo? Debo controlar esta adicción hacia el café; mañana mismo empiezo a fumar, Rodolfo me ha hablado sobre los Lucky Srike. Supongo que serán buenos.
Una noche, en la casa de Marco, un hombre se acerco lentamente y, quitado de la pena, nos ofrecio hierba; no pudimos rechazarla. Mientras envolvía el porro, el hombre nos contaba que durante la guerra los soldados guardaban un porro en cada cajetilla de cigarrillos. Aquél que azarosamente lo...¡A LA MIERDA! ¿A quién le importa esa historia? ¡Estoy harto! ¡Harto de mí, de mi falta de decisión! ¡Harto de que todo me recuerde a tí! ¡Tu piel, tus ojos, tu aroma, tu cabello! ¡HARTO!
Lo mejor sera recostarme e intentar dejar de pensar.
¡Demonios! son casi las seis de la mañana y no consigo conciliar el sueño; mis recuerdos han sido agotados. Sabía que soñar despierto no era la mejor idea.
sábado, 3 de abril de 2010
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